Que el Buscar a Dios sea lo Primero en Tu Vida

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Que el Buscar a Dios sea lo Primero en Tu Vida

¡Deja que Jesús sea el primer Amor en tu vida!

¡Dios ha bendecido y hecho prosperar a muchos grandes hombres de negocios cristianos porque pusieron a Jesús primero en las decisiones que tenían que tomar todos los días!

El célebre industrial multimillonario Robert G. LeTourneau cuenta la siguiente anécdota sobre cuando estaba empezando en el mundo de los negocios al frente de una fábrica pequeña: «Una noche, tenía que diseñar una máquina nueva para que una cuadrilla de hombres que había contratado pudiera construirla a la mañana siguiente. Pero aquella misma noche me invitaron a testificar con unos jóvenes amigos cristianos. ¡El Señor y yo tuvimos un conflicto tremendo mientras yo trataba de decidir qué hacer!»

«¡Aunque no entendía cómo iba a poder hacer los planos para la mañana siguiente, fui con los jóvenes, y fue muy fructífero y alentador! Regresé a las 10, y hasta esa hora no se me había ocurrido ninguna idea para la máquina, ¡pero me senté ante la mesa de dibujo y en cosa de cinco minutos el bosquejo y el plan estaban clarísimos! ¡No sólo eso, la máquina que diseñé aquella noche ha sido la pieza clave de todo lo que he construido desde entonces! ¡Vale la pena poner a Dios primero!»

Otro cristiano famoso que siempre dio el primer lugar a Dios en sus decisiones de cada día fue William Gladstone, que fue primer ministro del Reino Unido en tres ocasiones y uno de los dirigentes políticos ingleses más conocidos del siglo XIX.

Me gusta mucho el ejemplo de vida que dio este gran hombre que dejo su marca en la historia y tambien fue un embajador del Reino de Dios quien no se avergonzaba de servir a Dios

¡Se cuenta que todos los días, mientras subía la escalinata del Parlamento, se detenía a testificarle a un muchacho vendedor de periódicos hablándole del amor de Jesús! Resulta que un día, cuando entraba al Parlamento acompañado de su secretario, otro chiquillo vendedor de periódicos se le acercó corriendo y exclamó: «Señor ministro, ¿recuerda al muchacho que le vende aquí el periódico todos los días? Ayer lo atropelló un carruaje y está gravemente herido. Se va a morir, y quiere que usted vaya para hacerle entrar.» El ministro le preguntó: «¿Qué quieres decir con eso de ‘hacerle entrar’?» El muchacho le respondió: «¡Hacerle entrar en el Cielo, claro!»

Pero su secretario protestó: «¡No, nada de eso, no tiene tiempo de ver a un vendedor de periódicos moribundo! ¡Sabe lo importante que es el discurso que tiene que pronunciar hoy! ¡Podría alterar el rumbo de la historia de Inglaterra!» Gladstone vaciló por un momento, y dijo: «¡Un alma inmortal vale más que mi discurso en el Parlamento!» Y se dirigió a la buhardilla donde se encontraba el muchacho agonizante con el cuerpo destrozado, en una estera en un rincón. ¡Con lágrimas rodándole por las mejillas, Gladstone rezó con el chiquillo para que recibiera a Jesús! El chiquillo, alzando los ojos al rostro del gran hombre, dijo en voz baja: «Sabía que vendría. ¡Gracias por hacerme entrar!» ¡Y cerrando los ojos, se fue con Jesús!

¡Una hora o dos más tarde, Gladstone estaba de regreso en el Parlamento, donde se había desatado un debate muy candente! ¡Llegaba tarde, y poco le faltó para perder su turno para hablar, pero pudo hablar! ¡Y lo hizo con mucha elocuencia! ¡Y ganó el debate! Después, su secretario le dijo: «Señor ministro, ¿cómo se pudo tomar la molestia de ir a ver a ese vendedor de periódicos arriesgándose a perder su turno para pronunciar un discurso tan importante?»
Gladstone respondió: «El discurso de hoy era algo muy bueno y muy importante, ¡pero que ese chiquillo se salvara y fuera al Cielo era mejor y más importante! ¡Dios sabía que yo iba a poder volver a tiempo para el discurso! ¡Me estaba probando para ver si ponía las cosas de El primero!» ¡Qué ejemplo tan magnífico de una escala de valores debida!

Sin embargo, los grandes cristianos no son simplemente grandes por su servicio a Dios, sino por su comunión y relación estrecha con El. Cuanto más le conocen, más se vuelven como El. ¡Desafortunadamente, uno de los errores más comunes de muchos cristianos es enfrascarse tanto trabajando para el Señor que descuidan al Señor del trabajo! Como resultado, pierden el rumbo y sus fuerzas para trabajar para El, porque tratan de hacerlo por su cuenta, sin el poder de El. Jesús dice: «Sin Mí no podéis hacer nada!» (Juan 15:5) ¡Sin el poder del Maestro, no puedes trabajar para El! ¡Y para tenerlo, debes pasar tiempo con el Maestro!

Entonces, ¿qué medidas podemos tomar, no sólo para poner a Jesús primero en nuestras vidas, sino también para mantenerlo en ese lugar? Una manera es con nuestro servicio diario a El. ¡Consulta con el Señor en oración sobre cualquier cosa antes de hacerla, y comprueba que eso es lo que El quiere que hagas! Encontrarás que ese principio se aplica hasta a tu trabajo de cada día. Cuando nos encontramos apremiados por terminar una tarea en un plazo determinado, muchas veces tenemos la tentación de desplazar al Señor de nuestra vida y concentrarnos exclusivamente en nuestro trabajo. Todos lo hemos hecho en alguna que otra ocasión, ¡pero la solución no es ni mucho menos dejar al Señor para el final!

¡Deja que Jesús sea el primer Amor en tu vida y manténlo siempre en ese lugar! ¡Nunca saldrás perdiendo si buscas primeramente el Reino de Dios!

Fuente: Libro Tesoros. Editado por Alberto A. Conti

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