LA FABULA DEL MONJE Y LA FRUTILLA

En ese momento de la crisis, el monje, de repente, notó una planta de frutilla en una grieta en las rocas y en ella estaba la más grande y hermosa frutilla que el ya había visto jamás. Momentáneamente, ignorando su situación difícil, el monje alargó el brazo, arranco la frutilla y le dio una mordida. De repente, y de forma insólita todos sus miedos fueron olvidados, pues el monje no pudo sentir nada, pero apenas el intenso placer del gusto de la fruta más dulce y suculenta que el ya había comido. Entonces, luego que el enorme ratón terminó de roer el arbusto. El cayó pero halló una pequeña protuberancia rocosa para agarrarse. Y quedó allí colgado por un tiempo tan largo que ambos tigres llegaron a aburrirse de tanto esperar y así que se fueron cansados. Muy lentamente, el monje consiguió escalar el peñasco, atravesó el bosque y volvió para su aldea.
En cuanto caminaba, el monje reflexionó por un instante: “Aprendí una importante lección hoy:
La vida es tan preciosa y el tiempo es tan corto!.
Con frecuencia yo gasto mi tiempo,
– preocupándome sobre lo que sucedió conmigo en el pasado (el tigre en la cima de la montaña),
– con lo que podrá acontecer conmigo en el futuro (el tigre en el fondo del precipicio)
– y con las batallas y aborrecimientos de cada dia (el ratón inmenso).
Con toda esa preocupación, a veces no veo las bonitas dádivas que la vida tiene para ofrecerme cotidianamente (la frutilla). Mi miedo me impide de ver y apreciar esos presentes. Así, no solo deberíamos desear muchas frutillas (presentes) en nuestras vidas, mas también tener la sabiduría de reconocerlas, agarrarlas, saborearlas y disfrutar cada uno de los deliciosos mordiscos”.
Autor: Desconocido

