CÓMO RESTAURAR UNA RELACIÓN ROTA

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CÓMO RESTAURAR UNA RELACIÓN ROTA

Cómo Restaurar una Relación rota

Siempre vale la pena restaurar las relaciones

Como creyentes Dios “nos ha llamado a reconciliar nuestras relaciones los unos con los
otros.” Aquí tiene siete pasos bíblicos para restaurar la comunión:

Hable con Dios antes de hablar con la persona
. Discuta el problema con Dios. Si primero 
ora acerca de conflicto en lugar de ir y contárselo como chisme a un amigo, a menudo descubrirá que Dios o bien cambia su corazón o bien cambia a la otra persona sin su ayuda. Todas las relaciones serían más placenteras si tan solo orara más por ellas.
Así como David hizo con sus salmos, así usted use la oración para desahogarse verticalmente. Dígale a Dios sus frustraciones. Ruegue a Dios. El nunca se sorprende o se molesta de su enojo, su herida, su inseguridad o de cualquier otra emoción. Por tanto dígale exactamente cómo se siente. La mayoría de los conflictos tienen su raíz en necesidades que no han sido satisfechas.
Algunas de estas necesidades sólo pueden ser satisfechas por Dios. Cuando tiene la expectación de que alguien – un amigo, un cónyuge, su jefe o un miembro de su familia  satisfaga una necesidad que sólo Dios puede satisfacer, se está exponiendo a la desilusión y a la amargura. Nadie puede satisfacer todas sus necesidades excepto Dios.
El apóstol Santiago apuntó que muchos de nuestros conflictos son causados por la falta 
de oración: “¿Qué causa enemistades y riñas entre ustedes?… quieren algo y no lo obtienen… No tienen porque no se lo piden a Dios.” 9 En lugar de depender de Dios, dependemos de otros para hacernos felices y después nos enojamos cuando nos fallan. Dios dice, “¿Por qué no vienes a mí primero?”
Siempre tome la iniciativa. No importa si usted fue el que ofendió o el que fue ofendido: la expectación de Dios es que usted tome el primer paso. No espere que la otra persona lo haga. Usted vaya primero. Restaurar la comunión rota es tan importante que Jesús mandó que tuviera prioridad antes de la adoración del grupo. El dijo, “Si entras a tu lugar de adoración y cuando estás a punto de hacer una ofrenda, de pronto recuerdas un rencor que un amigo tiene contra ti, abandona tu ofrenda, sal inmediatamente, visita a este amigo y haz lo que se debe hacer. Entonces, y solamente entonces, regresa y arregla tus cosas con Dios.” 
Cuando la comunión está lastimada o rota planee una conferencia de paz inmediatamente. No lo prorrogue, no haga excusas y no prometa que lo hará algún día. Ponga en su agenda que tendrá una reunión cara a cara lo más pronto posible. La demora sólo profundiza el resentimiento y pone las cosas peor. Cuando hay un conflicto, el tiempo no sana nada; sólo causa que la herida se infecte más.
Tomar acción de inmediato también le reduce su daño espiritual. La Biblia dice que el pecado, incluyendo el conflicto que no ha sido resuelto, bloquea nuestra comunión con Dios y no permite que nuestras oraciones sean contestadas,  aparte de hacernos sentir miserables.
A Job le recordaron sus amigos, “Estar extremadamente preocupado con el resentimiento es una tontería, es una insensatez” y “Solo te estás haciendo daño a ti mismo con tu enojo.”
El éxito de una conferencia de paz muchas veces depende de escoger el lugar correcto y la hora oportuna. No se reúnan cuando uno de los dos está cansado o apresurado o cuando pueden ser interrumpidos. El mejor momento es cuando ambos se sienten en un óptimo estado de ánimo.
Simpatice con los sentimientos del otro. Use sus oídos más que su boca. Antes de atentar resolver cualquier desacuerdo, primero tiene que oír los sentimientos de la persona.
Pablo aconsejó, “Estén en vigía por los intereses de otros, no sólo por los suyos propios.” La frase “estén en vigía” es el vocablo griego skopos, que es de donde provienen las palabras telescopio y microscopio. Significa ¡ponga cuidadosa atención! Concéntrese en los sentimientos del otro, no en los hechos. Comience con la simpatía, no con las soluciones. Al principio no trate de evitar hablar acerca de cómo se siente la otra persona. Solo escuche y déjela desahogarse emocionalmente sin usted ponerse a la defensiva. Asienta con su cabeza que usted comprende aunque no esté de acuerdo. Los sentimientos no son siempre infalibles o lógicos. De hecho, el resentimiento nos hace actuar y pensar irracionalmente. David admitió, “Cuando mis pensamientos eran amargos y mis sentimientos estaban heridos, era tan estúpido como un animal.” Todos actuamos como bestias cuando estamos heridos. En contraste, la Biblia dice, “La sabiduría de un hombre le da paciencia; su gloria es pasar por alto una ofensa.” La paciencia viene de la sabiduría y la sabiduría viene de oír la perspectiva de otros. Lo que está diciendo al ponerse a escuchar es: “Valoro tu opinión, nuestra relación me interesa y eres importante para mí.” El dicho popular es verdadero: A las personas no les importa lo que sabemos, hasta que sepan que nos importan.
Para restaurar la comunión “tenemos que cargar ‘la carga’ de ser considerados con las dudas y temores de otros… Complazcamos al otro y no a nosotros mismos y hagamos lo que es para su bien.”
Es un sacrificio absorber pacientemente el enojo de otros, especialmente si es sin razón. Pero recuerde, esto es lo que Jesús hizo por usted. El aguantó el enojo malicioso y sin fundamento para salvarle: “Cristo no trató de complacerse… como dice la Escritura: Los insultos de aquellos que te insultan caen sobre mí.”

restaurar relación rota
Confiese su parte en el conflicto. Si quiere en serio restaurar una relación, debería de empezar con admitir sus propios errores o pecados. Jesús dijo que esta es la manera de ver más claras las cosas: “Primero sácate la viga de tu propio ojo; tal vez después verás lo suficientemente bien como para sacar la astilla del ojo de tu amigo.”
Ya que todos tenemos un punto ciego, puede que necesite pedirle a una tercera persona que le ayude a evaluar sus propias acciones antes de reunirse con la persona con quien tiene el conflicto. También pídale a Dios que le muestre cuánto del problema es su culpa.
Pregunte, “¿Soy yo el problema? ¿Estoy siendo irrazonable, insensitivo o muy sensitivo?” La Biblia dice, “Si declaramos que estamos libre de pecado, solamente nos estamos engañando a nosotros mismos.” 
La confesión es una herramienta poderosa para la reconciliación. La manera en que manejamos un conflicto muchas veces produce una herida mayor que el problema original.
Cuando empieza a admitir humildemente sus errores, neutraliza el enojo de la otra persona y desarma su ataque porque probablemente ella esperaba que usted estuviera a la defensiva.
No se excuse ni eche la culpa; simplemente acepte cualquier papel que haya jugado en el conflicto.
Acepte su responsabilidad por sus errores y pida perdón.
Ataque el problema, no la persona. No puede resolver el problema si está obsesionado con echar la culpa. Tiene que escoger entre los dos. La Biblia dice, “Una respuesta amable neutraliza el enojo; pero una lengua cortante prende un carácter incendiario.”  Nunca podrá comunicar su punto de vista si es cortante, por tanto escoja sus palabras sabiamente. Una respuesta suave es siempre mejor que una respuesta sarcástica.
Para resolver conflictos, cómo lo dice es tan importante como qué dice. Si lo dice ofensivamente, 
será recibido defensivamente. Dios nos dice, “Una persona sabia y madura es conocida por su comprensión. Cuanto más placenteras sus palabras, más persuasiva es.”  Ser fastidioso nunca funciona. Nunca será persuasivo si es abrasivo.
Durante la Guerra Fría, los EE.UU. y la Unión Soviética acordaron que algunas armas eran tan destructivas que nunca iban a ser usadas. Hoy, las armas químicas y biológicas han sido prohibidas y los arsenales de armamento nuclear están siendo reducidos y destruidos.
Por el bien de la comunión, tiene que destruir su arsenal de armas nucleares relacionales, tales como acusar, menospreciar, comparar, usar nombres ofensivos, insultar, hablar condescendientemente y ser sarcástico. Pablo lo resume de esta manera: “No usen palabras dañinas sino que solo palabras constructivas, el tipo de palabras que edifican y que proveen lo que se necesita, para que lo que digan le haga el bien a los que les escuchan.”
Coopere en lo más que pueda. Pablo dijo, “Hagan todo lo posible de su parte para vivir en paz con todos.”  La paz siempre tiene un precio. A veces nos cuesta nuestro orgullo; frecuentemente nos cuesta nuestro egocentrismo. Por el bien de la comunión, haga lo mejor que pueda para llegar a un arreglo, ajustarse a otros y mostrar preferencia por las necesidades del otro.  Una paráfrasis de la séptima bienaventuranza de Jesús dice, “Eres bendito cuando puedes mostrarle a otros cómo cooperar en vez de competir o pelear. Entonces es cuando descubres quién eres en realidad y cuál es tu lugar en la familia de Dios.”
Enfatice la reconciliación, no la resolución. No es realista esperar que todos estén de acuerdo con todo. La reconciliación lo enfoca en la relación mientras que la resolución lo enfoca en el problema. Cuando nos enfocamos en la reconciliación, el problema pierde su importancia y muchas veces se hace irrelevante.
Podemos reestablecer una relación aún cuando somos incapaces de resolver nuestras diferencias. Muchas veces los cristianos tienen desacuerdos legítimos y verdaderos y opiniones diferentes, pero podemos tener diferentes puntos de vista sin ser pleitistas. Un mismo diamante se ve diferente desde diferentes ángulos. La expectación de Dios es que haya unidad, no uniformidad, y podemos caminar juntos sin necesidad de que veamos cada asunto de la misma manera.

Como resultado de lo que ha leído en este articulo, ¿a quién necesita contactar? No se dilate un segundo. Haga una pausa en este momento y háblele a Dios acerca de esta persona. Después tome el teléfono y comience el proceso. Estos siete pasos son simples pero no son fáciles. Mucho esfuerzo es necesario para restaurar una relación. Por eso es que Pedro nos instó urgentemente, “Trabajen duro por vivir en paz con otros.”  Porque cuando trabaja por la paz, está haciendo lo que Dios haría. Por eso es que a los que hacen la paz, Dios los llama sus hijos.

Por Rick Warren – Extraído del libro “Una Vida con Propositos”

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